Capítulo tercero

NARRANDO EL TRANSITAR POR VIOLENCIAS:
MIGRANTES CON HIJOS E HIJAS ANTES Y DURANTE
LA PANDEMIA POR COVID-19

Óscar Ariel Mojica Madrigal*

Sumario: I. Introducción. II. Pasar por México y llegar a él: antes de la pan-
demia y en contextos de violencias.
III. (In)movilidad en tiempos de pande-
mia: contención y violencias. IV. “Nosotros no migramos por gusto, nos obligan”: violencias que expulsan, persiguen y matan. V. Conclusiones. VI. Bibliografía.

I. Introducción

El tránsito de personas por México con destino a Estados Unidos ha sido una constante, aumentó después de las leyes que imposibilitaron la llegada de migrantes europeos y asiáticos a dicho país de manera directa a finales del siglo XIX y la primera parte del XX.1 Así, hemos visto que las leyes de expulsión y detención incidieron en la búsqueda de otros puertos de llegada, pero con la finalidad de continuar el viaje hacía Estados Unidos, un destino histórico a pesar de las políticas migratorias en dicho país.

Sin embargo, ha sido en los últimos treinta años que la presencia de personas que buscan pasar por México para llegar a Estados Unidos empezó a ser notoria, y más en la última década en la que dimos cuenta de la diversidad de nacionalidades en los circuitos migratorios. Los motivos han sido diversos, aunque se mantiene el económico, pero cada vez es más frecuente escuchar que la inseguridad y la violencia también son motivos que inciden en las movilidades. Es importante señalar que estos dos factores se deben también a la ausencia del Estados y el poco alcance de las acciones sociales para la población en general, como es seguridad, empleos fijos, acceso a sistemas de salud y educación, por señalar algunos, que inciden en, y son a su vez, violencias.

Con la pandemia por COVID-19 durante 2020 y 2021, creímos que las movilidades disminuirían, pero no fue así. Presenciamos que, a pesar de lo señalado a nivel mundial y en países como México y Estados Unidos, el hecho de permanecer en casa se llevó a cabo, pero no para toda la población, menos para la que buscaba transitar por México para llegar a Estados Unidos, y la que huía de las violencias desde distintas regiones. Con las caravanas llevada a cabo entre 2018 y 2019, previo a la pandemia, algunas familias que apostaron a esa movilidad masiva como una forma “segura” para poder llegar a Estados Unidos, y posteriormente, llevar a cabo la reunificación familiar, vieron en la pandemia esas metas diluidas, pese a los intentos por reunirse.

El presente trabajo busca mostrar las violencias enfrentadas por familias de migrantes en su tránsito por y desde México a través de los testimonios recabados con migrantes en Michoacán y en la frontera norte (Chihuahua), donde a través de sus narrativas sobre su paso por y desde México, los motivos de salida y la proyección de planes a futuro, se puede dar cuenta de cómo la violencia parece ser parte de las estructuras sociales, económicas, culturales y políticas en muchos países y regiones expulsoras de migrantes, así como también en contextos de pandemia. Así, los distintitos tipos de violencias les expulsan, persiguen y atrapan durante su vida, no solamente en el proceso migratorio. También, el presente trabajo busca visibilizar un poco más lo que enfrentan niñas, niños y adolescentes que viajan con adultos por y desde México buscando llegar a Estados Unidos o huyendo a cualquier sitio al que puedan establecerse.

La investigación2 se centra en trabajo de campo realizado en Michoacán de 2018 a 2022, y en la frontera norte del estado de Chihuahua entre 2020-2022. En el contexto de la pandemia, el trabajo se realizó con el apoyo de la coordinadora de Casa de Migrante San Agustín y un colaborador de la casa que apoyaron reuniendo grupos para realizar entrevistas, charlas informales y grupos de discusión, además de apoyar con equipo de cómputo para el trabajo a distancia y realizando entrevistas basadas en un guión que elaboré desde Michoacán.3 Para el caso michoacano, las entrevistas se realizaron en Zamora, Jiquilpan y a la salida de Tangancícuaro, por donde empezaron a pasar migrantes que se dirigen a Estados Unidos desde Centroamérica. En los casos de migrantes de origen mexicano, ellos fueron contactados en Chihuahua.

Primero, se buscará mostrar la violencia vivida en México en los últimos años, en especial en Michoacán, y como en ese escenario los tránsitos incrementaron en un contexto en que el crimen organizado toma como rehenes y fuente de ingresos a migrantes. En el segundo apartado, daré cuenta de los testimonios de adultos acompañados por niños, niñas y adolescentes (NNA) que narran lo enfrentado y vivido en ese tránsito hacia Estados Unidos, y lo que los NNA señalan. Finalmente, expongo las conclusiones.

II. Pasar por México y salir de él: antes
de la pandemia y en contextos de violencias

Entre 2013 y 2015, las movilidades por desplazamiento se hicieron visibles en México. Fueron desplazamientos ocasionados por violencias. Familias completas o de forma parcial salieron buscando salvar la vida ante los enfrentamientos entre grupos armados en sus comunidades, además, huían para no ser reclutados por los grupos enfrentados: “¡Si no te metes ahorita, de todos modos, te vas a meter a huevo, y sin armas!” se puede leer en una nota publicada en un importante diario nacional en 2014.4 La nota era parte de la sección especial que el diario nacional El Universal tuvo en su página web durante varios meses, una cobertura especial a la violencia en el estado de Michoacán y que tituló “Michoacán bajo fuego”, aproximadamente entre 2014-2015.

Durante 2013 y 2015, las notas sobre las llamadas narco mantas en el estado de Michoacán fueron comunes en diarios locales y regionales. Por ejemplo, el 7 de mayo de 2013, en El Sol de Zamora se pudo leer en una nota “Por tercera semana consecutiva, ayer de nueva cuenta aparecieron mensajes para el presidente de la nación”, y se leía “malestar” por la presencia de policías comunitarias en La Ruana y en Tepalcatepec, Michoacán, y los presuntos vínculos que tenían con el Cártel de Jalisco Nueva Generación, así lo señalaban en las mantas dejadas en principales zonas de tránsito.5 Para fines de 2013, el mismo diario señaló los hallazgos de nuevas mantas el 23 de septiembre y 9 de diciembre, pero a diferencia de las dirigidas a autoridades meses atrás, las últimas eran dirigidas a la comunidad michoacana, buscando informar de la “verdad” sobre los grupos de policías comunitarios, señalando los despojos de tierras por parte del grupo rival de Jalisco con el apoyo de policías comunitarias, y enfatizando que ellos, Los Caballeros Templarios, estaban del lado de la población michoacana como “buenos michoacanos”.6

Los discursos plasmados en las mantas, que colocaron en ciudades como Zamora, Los Reyes, La Piedad, Jiquilpan, por señalar algunas, resultaban importantes por la imagen que buscaban crear de sí misma esta organización, La Familia Michoacana: un grupo que apoyaba al “pueblo”. Sin embargo, esos discursos contrastaban con las salidas de personas que dejaba sus hogares por encontrarse en campos de disputa y que también eran busca-
das para hacer bando. Tijuana empezó a recibir a michoacanos que buscaban llegar a Estados Unidos a través de solicitudes de asilo, enfatizando que huían de la violencia.7 Pero no era algo exclusivo de Michoacán, ocurría algo similar en estados como Chihuahua, Tamaulipas y Guerrero, por señalar algunos. Los contextos mostraban movilidades, desplazamientos,
por la presencia de grupos armados y de ausencia del Estado. En 2013, la investigadora de la UNAM, Cecilia Imaz, señaló la presencia de grupos criminales en la frontera norte de México que impedían el paso de migrantes,8 y eso podemos vincularlo con las salidas forzadas, donde empezábamos a ver zonas complicadas para personas que las recorrían y que también las habitaban.

Presenciamos los intereses de grupos criminales por migrantes, que poco a poco pasaron a formar parte de sus ingresos. En entrevista con un traficante de personas que ejerció como tal durante aproximadamente 25 años (entre las décadas de 1980 y 2000), éste señaló que desde que empezó a trabajar como “pollero” en Tijuana, en la Zona Norte, a fines de la década de 1970, durante los años de 1980 y parte de 1990, siempre enfrentó problemas con autoridades norteamericanas que vigilaban la frontera y con autoridades mexicanas que solicitaban pago por la “protección” otorgada, es decir, extorción. Pero era todo el problema que enfrentaban, y lo podía solucionar de la mejor forma, evitándoles y realizando sus pagos de manera puntual.

Sin embargo, el extraficante de personas comentó que cuando él tomó la decisión de dejar esa actividad, fue, primero, porque no la iba a realizar por siempre, y para ello reunió dinero para poner un negocio, pero otro motivo, y que aceleró su salida, fue la entrada, como él lo señaló, de jóvenes “polleros” que buscando tener más ingresos empezaron a traficar droga con las personas que llevaban a Estados Unidos. Así, cargaban con mochilas a las personas más jóvenes y empezaron a utilizar las casas que usaban como de seguridad-llegada para las personas, como casas de seguridad para resguardar la droga que traficaban. Con esto, los sitios de resguardo empezaron a ser utilizados por las redes de tráfico de drogas. Las mochilas con droga empezaron a ser comunes y era parte del equipaje para personas que iban de manera irregular a Estados Unidos. El “pollero” señaló que, con el paso de los años, vio como colegas empezaron a traficar de forma constante con drogas, y de marihuana pasaron a cocaína y otras sustancias. Lo anterior, en la década de 2000.

En 2018, el “pollero” decidió ir a Estados Unidos a trabajar un año en la construcción, y señaló que, a pesar de haber conocido el negocio del cruce irregular por varios años, en esa ocasión lo hizo con miedo, y el temor se debía a las advertencias sobre el cruce por propia cuenta, le aconsejaron ir con “polleros” para poder tener paso por ciertas áreas, pero, además, evitar ser atrapado intentando pasar sin pagar, y le hablaron de grupos armados que vigilan la frontera, y esos son los que detienen a migrantes y extorsionan a sus familias, le comentaron. Así fue su cruce, con miedo, pero pudo llegar a Estados Unidos.

De tal forma que, aún para quienes conocieron el negocio y que podría pensarse que son “especialistas”, reconocen que los “tiempos han cambiado”, y en ese cambio aprecian el incremento de grupos “ajenos” al negocio del cruce de personas que les pone en riesgo y dista de los años en que “los polleros eran buenos”, es decir, que cumplían y donde había redes familiares y de paisanos con la única finalidad de llevar a las personas a Estados Unidos, sin retenerles o extorsionarles.

Lo último, lo señaló luego de volver de Estados Unidos en 2019, y de experimentar el cruce, además de escuchar de otros migrantes en Estados Unidos sus experiencias. Como señalé anteriormente, desde 2013, Cecilia Imaz, investigadora de la UNAM, ya había enfatizado la presencia de grupos del crimen organizado en el control de las fronteras,9 pero que empezaron a tener presencia desde hace varias décadas, como lo señaló el “pollero”. Sin embargo, hemos presenciado como esta violencia se ha agudizado, dejando un panorama poco alentador para migrantes y sus familias, y para poblaciones que se vuelven migrantes por encontrarse en zonas que se disputan entre grupos armados.

Así, mientras apreciábamos la movilidad de población nacional, de Michoacán principalmente durante 2012 a 2014 producto de la violencia, también se puso atención a otro tipo de movilidad durante esos años, la de quienes transitaban por el país, y que incrementó en esos años. Datos de Fun-
dación BBVA y el CONAPO señalan el incremento de detenciones de personas procedentes de Centroamérica en Estados Unidos en 2014; y en México, 2015 tuvo el pico más alto desde 2005 de migrantes centroamericanos devueltos y aprendidos desde México.10 Los casos de NNA migrantes durante 2014 a 2015 fueron los que llamaron la atención a nivel internacional por los registros que se tuvieron, los incrementos se registraron entre 2014 y 2016, señalados así en los eventos de retorno desde México por autoridades nacionales,11 y dio pie a la llamada “crisis migratoria de niños y niñas”.

Las movilidades incrementaban en contextos de violencia, no solo para la población mexicana, también para la migrante en tránsito. Los asesinatos registrados en San Fernando, Tamaulipas, en 2010, y años posteriores en la misma región, a migrantes y no migrantes, hicieron ver también cierta decadencia como sociedad,12 así como la presencia de un Estado fallido. Sobre el último punto, en diez años, de 2010 a 2019, a nivel mundial, los desplazamientos incrementaron 100%, pasaron de 40 millones a 79,5 millones, y los motivos fueron persecución política, conflictos, violencias y violaciones a derechos humanos.13

Respecto al Estado fallido, Valdez Cárdenas señaló la facilidad con que jóvenes y niños se enrolan en grupos criminales; la facilidad con que acceden a armas, drogas, y la dificultad que les significa, una vez aceptado el primer “encargo”, dejar ese trabajo.14 Así, ser sicario a temprana edad se convirtió en un oficio en escenarios plagados de precariedades, en donde existe una “suerte de desintegración lenta y progresiva del orden social”, en un contexto en que les ha tocado vivir,15 y en el que no se ven acciones claras para contrarrestar esa leva de niños y jóvenes por parte de los grupos criminales, y eso se da también en contextos fronterizos. Segura Herrera y Hernández Hernández, quienes han investigado el papel que niños empezaron a tener como “polleros” en la frontera norte de México, apuntan cómo los contextos sociales, económicos y políticos han incidido en su incursión en el negocio del cruce de personas que huyen de la “guerra contra el narcotráfico”, pero donde también, debido a redes familiares, se incorporan al tráfico, es decir, se ven en la necesidad de entrar en el negocio del cruce con vínculos con grupos armados.16

Para países de Centroamérica como Honduras, las movilidades posteriores a 2009 (luego del golpe de Estado) han sido colocadas en el ciclo al que especialistas han llamado de “consolidación de las movilidades forzadas”,17 y que se ha caracterizado por la expulsión de población a consecuencia de la falta de proyectos sociales y seguridad, además de la corrupción en el gobierno y la inestabilidad política, lo que ha propiciado, en cierta forma, el incremento en las inseguridades, generando violencias de distintos tipos: abandono de políticas sociales, presencia de grupos armados e incremento de rezagos sociales. Algo similar que incidió en los desplazamientos forzados internos en México, la invisibilidad de la problemática, el abandono institucional, políticas fallidas y la construcción de un Estado en beneficio de unos pocos.18

Así, González y colegas señalan la crisis migratoria de 2014-2015 de NNA y de las caravanas en 2018-2019 dentro del ciclo de consolidación de las migraciones en Honduras, señalando que los motivos para dejar el país van más allá de los económicos, y se presentan más como salidas forzadas en las que se busca continuar con la vida.19 El golpe de Estado y el consecuente intento de construcción de un Estado ha quedado en acción fallida en la actualidad, tal como lo señala Rolando Sierra.20 Sin embargo, González y colegas apuntan a que la situación de Honduras en 2020 se debe a que, como país y como región, se ha vivido una intervención constante de Estados Unidos, que incidió en la militarización del país desde principios del siglo pasado, y que, durante el mismo, el uso de la milicia ha sido para el beneficio de proyectos de Estado que apoyan intereses extranjeros,21 de tal forma que el Estado fallido se viene dando desde hace varias décadas.

En contextos de incremento de las movilidades y de visibilización de NNA, éstas se dan en momentos de incrementos de violencias en México. Aun así, los tránsitos continuan bajo el interés de no solo transitar el país, si no de buscar la permanencia, ya sea temporal o permanente,22 pero donde también es importante señalar que quienes transitan por México también huyen de violencias, y cada vez son más personas desplazadas.

En 2018, durante el trabajo de campo con migrantes centroamericanos en su tránsito por Michoacán, un migrante hondureño señaló que venía con su esposa y dos hijas, él dijo: “a nosotros nos sacan de nuestro país, huimos señor, huimos, no migramos por gusto, lo hacemos para seguir viviendo”. Lo anterior lo señaló en Jiquilpan, Michoacán, que ahora es parte de las “nuevas” rutas que migrantes empezaron a tomar debido a la persecución que enfrentaban por el cruce directo por el centro del país y la ruta del Golfo de Méxcio.

De acuerdo con los testimonios, empezaron a buscar sitios por los cuales pasar desapercibidos, y también, espacios solidarios con ellos como migrantes. Continuó el migrante: “la gente [de Jiquilpan] se quita el taco de la boca para darles de comer [a los migrantes]”, y eso fue algo que él escuchó desde su tierra, con paisanos y parientes que habían pasado por Michoacán. La ruta, entonces, se la habían planteado por otro lado al que comúnmente tomaban. Sin embargo, a pesar de buscar nuevas rutas, las violencias parecían perseguirles desde su país, ya que señalaron haberlo dejado obligados por los bajos sueldos, falta de empleo y la persecución de pandillas; durante su tránsito, esta última situación parece seguirles y es algo que parece aferrarse a ellos, no las pandillas, sino la violencia a causa de ausencia de Estado y de seguridades.

Testimonios como el anterior son parte de los recabados desde 2018, dentro de un proyecto sobre tránsitos y nuevas rutas de movilidad en migrantes centroamericanos por México, con especial interés en Michoacán. Posterior a 2020, el proyecto siguió poniendo énfasis en las violencias durante el tránsito, pero considerando también el incremento en la violencia a causa de la pandemia y el uso político de ésta para buscar detener/contener las movilidades. Así, el trabajo se basa en entrevistas realizadas en Zamora, Tangancícuaro y Jiquilpan, en Michoacán, pero también a partir de 2020 en entrevistas realizadas en Chihuahua, con el apoyo de la coordinadora de la Casa del Migrante San Agustín, Linda Flores, y de César Lozano. Las entrevistas han sido centradas en tres momentos: la vida en sitios de origen, los tránsitos (que en ocasiones son varios) y los proyectos de vida, tanto personales como familiares. En esos tres momentos he puesto énfasis en varios aspectos: los problemas enfrentados en los países de origen antes y durante la pandemia; la vida familiar (en el caso de quienes tienen hijos e hijas); las violencias y las formas de hacer frente a las problemáticas enfrentadas; además, la búsqueda de otras rutas para su tránsito; lo que implica migrar con familia o de forma individual; la modificación a los proyectos iniciales debido al bloqueo en la frontera México-Estados Unidos.

III. (In)movilidad en tiempos de pandemia:
contención y violencias

La pandemia, además de las afecciones en salud y decesos de personas a nivel mundial, nos dejó en claro que la salud es un tema político.23 México reforzó el cierre de la frontera sur para las personas de “a píe”, y entre los argumentos se buscaba contener, además de personas, los contactos físicos que pudieran incrementar los contagios por COVID-19, pero algo que resultó importante fue la poca “vigilancia” y “seguridad” para quienes llegaban con más comodidad, incluso si venían de países con altos contagios, como Estados Unidos o países de Europa.

Bauman analiza la movilidad a través de visiones contrastantes, la de los turistas versus la de los vagabundos. Apuntó lo que implica para una persona tener recursos económicos y provenir de geografías de poder (turistas), y lo que significa estar en el polo contrario, donde parece no haber derechos, es decir, hay una inmovilidad, a pesar de encontrarnos en contextos de movilidad.24 La inmovilidad se aplica desde la construcción de espacios, en los que se da la desposesión de derechos y la ausencia de recursos económicos. En esa suerte de contener la movilidad, pareciera que México podría ser un Estado de reposo en el que se pide estar quieto para quedar enterrado e inerte y desaparecer, como arena movediza.

Gobiernos como el de México hicieron el llamado a permanecer en casa a partir de 2020. Debíamos guardar distancia, hacer cuarentena, y la frontera sur debía ser cerrada. De esta forma, quedó clara la postura hacía la población migrante, o en términos de Bauman, hacia quienes no tienen derecho de viajar.25

Las medidas para evitar los contagios por COVID-19 se hicieron presentes. Luego de entrar en la fase 2 de la emergencia, se implementó la “sana distancia” y las actividades presenciales fueron suspendidas, buscando así impedir el incremento de contagios, por lo que se realizó un llamado a quedarse en casa por un tiempo programado de 30 días, aproximadamente. Sin embargo, en menos de 30 días de anunciada la fase 2, se anuncia la fase 3 el 21 de abril de 2020, por lo que se mantuvo la suspensión de actividades presenciales, el tránsito por calles, el cierre de actividades no esenciales. Con ello, los trabajos se llevarían a cabo de manera virtual, desde casa (quienes pudieron). Sobre lo último, De Sousa Santos señaló que la pandemia evidenció el distanciamiento que existe entre sectores de la sociedad y agravó la crisis social y económica. Por otro lado, aquellos que han sido expulsados de sistemas políticos encontraron acomodo en un sistema económico basado en la precariedad de unos y el poder adquisitivo de otros. El sur, aquel conformado por trabajadores y trabajadoras precarizadas, sin derechos, permitieron que los protocolos de salud por la pandemia pudieran llevarse a cabo, y de Sousa Santos lo resume con la frase “Morir a causa del virus o morir de hambre”.26

En ese contexto de precarización de lo precarizado, la población migrante en tránsito o aquella que tenía que salir de sus casas para alimentar a las familias, ya sea de otro país o de México, se vio afectada por las medidas de contención y “cuidado”.

Los espacios para atención de migrantes se vieron en la necesidad de cerrar sus puertas o de implementar protocolos de atención ante los llamados por parte de autoridades, buscando tener seguridad para quienes colaboran en dichos espacios. Luego del anuncio de la entrada de la fase 3, el Observatorio Nacional de la Conferencia del Episcopado Mexicano (ONCEM), circuló un documento en el que apuntaban los protocolos de atención que tomaban, y enfatizaron en la necesidad de mantener la atención y el apoyo a la población migrante, cerrar las puertas de los espacios que brindaban apoyo sería exponerles a una mayor vulnerabilidad, además de la que ya enfrentaban por su situación migratoria en México. Este Observatorio señaló que algunos albergues cerraron, otros se mantendrían funcionando, pero bajo protocolos de cuidado y controles en entradas y salidas, reduciendo la entrada de migrantes, sin abarrotar los espacios como había ocurrido meses atrás con las caravanas. De hecho, algunos albergues tenían a personas que habían entrado meses atrás con alguna de las caravanas.27 Es importante señalar que los protocolos elaborados se realizaron de manera interna en cada albergue y compartidos por las redes de cooperación que tienen establecidas, pero sin la participación de autoridades de gobiernos.

Sin embargo, el trabajo en los albergues y casas de migrantes contrastaba, y lo sigue haciendo, con lo ocurrido en las estaciones migratorias de México y de Estados Unidos. Un comunicado del 2 de abril, firmado por varias organizaciones de defensa de migrantes, apuntó la falta de protocolos y condiciones de cuidados de los espacios que había en las instancias de gobierno, por lo que además de hacer una denuncia sobre la muerte de un migrante en la estación migratoria de Tenosique el 31 de marzo de 2020, pedían la salida de migrantes y solicitantes de asilo de dichos espacios, y que pudieran ir a otros espacios para encontrar apoyos. Las pésimas condiciones ya existían, pero con la COVID-19 fueron más evidentes, además, se señalaron varios incidentes de violencia y de violación a derechos,28 así que la pandemia puso a la luz la ausencia de políticas y cuidados por parte de instancias gubernamentales.

En comunicación personal con la coordinadora de la Casa de Migrante San Agustín, en Chihuahua, señaló, al igual que el documento del ONCEM, lo que implicaba trabajar en tiempos de pandemia, de “quédate en casa”, cuando la movilidad continuaba, pero en situaciones de mayor vulnerabilidad. La población migrante señalaba de forma constante la falta de protocolos en las estaciones migratorias del Instituto Nacional de Migración. Además, el propio INM, sin apoyar los protocolos de la Casa San Agustín, les llevaba migrantes de forma constante, pero no los apoyaban ni con insumos de limpieza, por ejemplo. En dicha Casa, al igual que el documento de la CEM lo señaló, realizaron sus propios protocolos de cuidados, los cuales consistían en limpieza constante de las instalaciones, buscando tener espacios ventilados y evitando los conglomerados de personas al interior y a la entrada de la Casa. Al mismo tiempo, se buscaba que el personal de apoyo de la Casa no tuviera exposición al exterior, por lo que había permanencias prolongadas y una rotación constante entre el personal de apoyo. Además, las redes de apoyo de la Casa cooperaron compartiendo sus propios protocolos.

Por otro lado, ante la necesidad de mantener el apoyo a población migrante, la Casa mantuvo el acceso de migrantes, pero evitando que las entradas fueran continuas, es decir, todos los días, y se buscó tener los espacios para que pudieran asearse y descansar, sin la entrada diaria y sin llenar las instalaciones. Se adaptaron los exteriores para que pudieran acceder a descansar y tomar alimentos. Además, como lo señalé, el apoyo por parte de las redes sociales locales establecidas fue importante, ya que tuvieron apoyo de personal médico, por ejemplo. En la Casa no tuvieron incidentes de contagio, a pesar de haberse mantenido abierta, pero fueron importante los protocolos implementados. Con esto, quiero enfatizar que las casas y albergues fueron capaces, debido a sus experiencias continuas de trabajo, de afrontar la pandemia y mantener el apoyo a la población migrante, a diferencia de INM que, suponemos, es una instancia capacitada y cuentra con recursos, pero resultaba con un constante señalamiento de los tratos al interior, la ausencia de personal capacitado y sin interés en el atender a población migrante.

Fundación BBVA y la Secretaría de Gobernación, en su Anuario de Remesas para 2022, señalaron que en 2020 se registraron 1,020 casos positivos a COVID-19, 326 requirieron hospitalización, 58 estuvieron en unidades de cuidados intensivos, y se contabilizaron 57 defunciones.29

IV. “Nosotros no migramos por gusto, nos obligan”:
violencias que expulsan, persiguen y matan

García Zamora y Gaspar Olvera han señalado una posible doble pandemia que las personas en movilidad enfrentaron. Señalaron a la COVID-19 como una de ellas, pero también a las leyes de seguridad de países como México y Estados Unidos, que impiden su tránsito y llegada; aunado a la situación económica que también enfrentan migrantes en sus países de origen y en los de tránsito, hace que hayan enfrentado una doble pandemia.30 Sobre el punto de la (in)movilidad durante la pandemia, ha quedado claro lo señalado por Bauman respecto a las movilidades diferenciadas respecto a quienes tienen derechos y aquellos que no los tienen. Esto podríamos entenderlo con migrantes regulares, con un nivel económico que les permite ser turistas con derrama económica, versus aquellos en situación irregular y con menor nivel económico, que los hace estar sin derechos y ser indeseables.31

Eso lo presenciamos en las movilidades durante la pandemia, donde observamos que en aeropuertos nacionales hubo pocas restricciones a vuelos de países con altos casos de contagio por COVID-19; mientras que en la frontera sur se fortaleció la vigilancia, buscando controlar la entrada de migrantes centroamericanos; en la frontera norte se detuvieron los trámites para las solicitudes de asilo bajo el motivo de encontramos ante seguridad y protocolos por COVID-19. De tal forma, la pandemia tuvo su incidencia y uso político aplicado a quienes lo consideraron pertinente.

Sin embargo, ante los fortalecimientos de las fronteras, migrantes continuaron su movilidad, tal como mostraré a continuación, donde la pandemia se presenta como obstáculo, pero también como oportunidad para buscar llegar a Estados Unidos y reencontrarse con familiares, o con la propia vida —como aseguro una migrante—, y esto refleja el sentir de otras personas migrantes con niñas y niños como acompañantes, ya que “no es lo mismo ir solo que con familia”, sentenció un migrante en Jiquilpan, Michoacán.

“Es distinto transitar por el país solos que con familia”, comentó un migrante hondureño que iba con su esposa y tres hijas. Señaló que salió de su país por la violencia, y sentencia que jamás volvería porque allá le espera la muerte a él y a su familia. “Allá si no te pones a matar o a robar no la haces”, apuntó, y enfatizaba en cómo habían incrementado los asesinatos y robos en su comunidad de origen por parte de las pandillas. De honduras salió con su familia, luego que lo buscaron en reiteradas ocasiones solicitando que se uniera a la pandilla de su barrio. Él con 34 años de edad, y ante su negativa de participar en la delicuencia, fue amenazado, y comentó que la mara de su barrio no bromea. Su trayecto ha sido complicado, porque moverse con niñas de 6, 4 y 2 años, hace que sea una movilidad lenta. Las niñas estaban al lado de su madre mientras conversaba con su padre, jugaban mientras la más pequeña dormía. Nosotros a la distancia las veíamos, la charla la tuvimos a unos metros de distancia, buscando que no escucharan lo que su padre recordaba del recorrido. Las palabras de ser más complicado al ir con las niñas y esposa fueron repetidas de forma constante, y era entendible por lo que enfrentó en su país y que parecía seguirles en su camino a Estados Unidos, aunque pensaba también quedarse en México, decía que era un sitio en el que podía tener la oportunidad de trabajar y sus hijas de estudiar, y juntos rehacer su vida, o posiblemente, “tener por fin una vida tranquila”, como decía él.

Ellos se encontraban en Jiquilpan, Michoacán, y le parecía atractivo el municipio, primero, por la ayuda recibida y ahí no había acoso por parte de la policía, pero tampoco estaba muy al tanto de la inseguridad que se vivía en el municipio y sus alrededores. La entrevista fue en septiembre de 2018.

El migrante apuntó que en su recorrido —Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Puebla, Ciudad de México, Estado de México, Querétaro y de ahí hacía Michoacán, pasando antes por Guanajuato— presenció un sinfín de situaciones por las que él se sentía mal, con “pensamientos suicidas”, y si él se sentía así, pensaba en lo que podían estar enfrentando su esposa e hijas.

Primero nos comentó que se salieron “así, sin mucho”, dejando lo poco que tenían, también a parientes y amistades. Para llegar a México, una persona en Guatemala les ayudó sin pedirle nada a cambio, pero él iba con desconfianza durante el camino, hasta que entraron al país y llegaron a Chiapas, entonces él se sintió mejor. En todo momento fue pensando en si esa persona tramaba algo, pero no fue así, sin embargo, la desconfianza lo tuvo en una situación complicada, y eso no lo dejaba ir tranquilo, siempre pensando en él, en su familia. El tramo de Ciudad Hidalgo hacia Arriaga, en Chiapas, (56 kilómetros aproximadamente) lo hicieron caminando, y en ese trayecto fueron asaltados en dos ocasiones. En la primera, un grupo de tres personas con machete en mano les quitaron los 800 pesos mexicanos que traían; la segunda, señaló que no les quitaron más que la ropa, a él y a su esposa, eran unas personas que estaban desnudas, pero traían palos, y él no hizo nada, por ser cuatro los asaltantes, y no quiso poner en riesgo a su familia. Apuntó que posiblemente fueron otros migrantes que habían sido robados como ellos. Agradece que, en esos dos asaltos, no le hicieron nada. Así, ese recorrido duró ocho días caminando.

Durante su trayecto en La Bestia, apuntó a que vieron accidentes que lo dejaron marcado. El primero, cerca de Medias Aguas, Veracruz, donde se detuvieron a descansar, ahí vio cuando un hombre intentando subir al tren cayó y perdió las dos piernas. El hombre gritaba por sus piernas, y él trató de buscarlas, pero llegaron policías y les dijeron se retirarán del lugar, y se fueron. Eso también lo presenciaron su esposa e hijas. No dijeron nada, comentó, y el tema no fue tocado por él, ni su esposa, hicieron como si nada hubiera ocurrido, aunque él tiene presente la imagen. Poco más adelante, vieron como un hombre perdió la cabeza al caer del tren. Eso también lo vieron sus hijas. A partir de ahí, donde llevaban poco recorrido en el tren, le comentó a su esposa que si quería podían volver, se podían ir con algún pariente de ella y él luego mandaba por ellas, pero su esposa se negó y continuaron juntos.

En Veracruz, después de ver como un migrante perdió la cabeza al caer del tren, cuando pasaban por túneles, sus hijas temblaban y les abrazaban con fuerza, él sentía su temor y señaló que se debió a que era muy oscuro y se escuchaba un ruido raro dentro del túnel. Además de las muertes que presenciaron en el tren en Tierra Blanca, Veracruz, comentó que fue sacado de un albergue para migrantes en que se encontraban por lo que él señala que eran policías, debido a que traían uniformes. Fue llevado a un lugar no muy lejano y golpeado, señaló que le decían les entregara el dinero que iba cobrando por la familia que transportaba, y pedían información de parientes que viven en Estados Unidos. Él señaló que era su familia y que iban juntos, eso lo corroboró su familia y fue dejado en libertad. Señaló que en ese momento sintió una enorme impotencia, pero afortunadamente su familia no había sido tocada, solamente él. A raíz de eso, dejaron de llegar a espacios para migrantes, señalando que la gente de la calle les apoya mejor, y según su comentario, en las mismas casas de migrantes a veces hay gente que avisa a personas de “afuera” para que los extorsionen.

En Jiquilpan, Michoacán, señaló que corroboró lo que le habían dicho, “llegando a México (Ciudad de México), ya te sientes en el norte”, en sentido de que lo complicado del tránsito se encuentra en el tramo previo, donde la frontera se hace más larga e insegura. En Jiquilpan, esperaban reunir dinero, y buscar tranquilizarse un poco, él señaló que tenía “pensamientos suicidas” por la impotencia y la desesperación de lo sufrido en el tránsito, pero también, como inicié señalando, por lo que había dejado en su comunidad. Eso él lo podía contar, pero sus hijas y esposas, tendrán sus propios recuerdos de ese transitar.

Otro caso es el de una madre salvadoreña que viajó en compañía de un niño de diez años, y que lo hizo con la finalidad de reencontrarse con esposo e hija de seis años que salieron en 2019 hacía Estados Unidos. Su esposo e hija lograron llegar a su destino, y él ya tiene trabajo estable y cuenta con una situación migratoria regular debido a que fueron beneficiados con visa humanitaria. Así lo señaló ella, una mujer de 29 años, en Chihuahua, en 2020, ya dentro del contexto de pandemia.

Ella salió con su hijo de diez años desde Zapotitán, municipio de Ciudad Arce en El Salvador. En su comunidad trabajaba apoyando a su madre en un negocio, una pupusería.32 Señaló que de haber podido continuar con estudios, le habría gustado estudiar para trabajar en un banco, pero solo pudo cursar hasta cuarto grado de educación básica, y por motivos económicos tuvo que empezar a trabajar apoyando a su familia. Señaló que los empleos que existen en su ciudad son en maquila de ropa, pero era complicado el transporte hasta las fabricas y el pago no era bueno. Además, no podía despegarse mucho de su hijo.

Comentó que el motivo de permanecer cerca de su hijo se debía a que en donde vive han empezado a llegar las pandillas a buscar a los niños en el parque. Señaló que cada vez se están quedando con menos espacios seguros, por ejemplo, en las canchas deportivas que hay en su comunidad están llegando pandillas con la intención de reclutar a niños, y lo están logrando, amenazándoles con hacer daño a ellos y a sus familiares. Por eso, primero su esposo decidió salir, y luego él mandaría por ella y su hijo. Su esposo no quería ponerles en riesgo a todos, por eso se fue primero con su hija, y en caso de tener éxito, mandaría por ellos.

Comentó que su esposo, salió en una caravana en 2019, pero al entrar a México, se fue por separado, con “guía”, el uso de la caravana era para poder llegar a México de forma “segura”. Ella, salió con guía desde El Salvador, su esposo le mandó dinero, y utilizaron el mismo guía con que él y su hija habían llegado a Estados Unidos. Cuenta la mujer que su trayecto fue tranquilo y seguro, lo que pagaron cubrió un traslado casi individual en vehículo tipo sedán, en buen estado, con buen alimento (pizzas, hamburguesas y otros productos que compraban durante el trayecto), además de dormir en sitios cómodos y que ella sintió que iban seguros. Su esposo pagó aproximadamente 10 mil dólares por ese traslado, buscando que su familia llegara de forma segura a Estados Unidos. Además, por ese precio, también incluía el “pase seguro” (un código otorgado que era entregado en los retenes que encontraban y que validaba su pago con guías “seguros”) y tres intentos para cruzar a Estados Unidos. Sin embargo, por la pandemia, señaló que el cruce se complicó.

Primero, su estancia en una casa de seguridad en Monterrey fue de mes y medio, cuando por lo regular, le comentaron que era de entre dos y tres días, y el motivo que le daban era porque “no había paso”. La vigilancia en la frontera no era mayor, pero por las carreteras en Estados Unidos, ante las medidas de cierre de actividades no esenciales serían visibles los vehículos que les transportarían, motivo por el cual los intentos de cruce fueron pausados. El cruce, lo hizo junto con un grupo de diez personas, y solamente ella y otra mujer llevaban niños. Cruzaron de noche, para evitar ser detectados con mayor facilidad. Lo hicieron por el río, y ella tuvo miedo debido a que sintió que estuvo a punto de ahogarse por un ataque de pánico y porque la llanta que le dieron la sentía con poco aire. Pensó mucho en lo que podría pasar a su hijo en ese trayecto por el río y esa zona de alta hierba por la que cruzaban. Lograron pasar y luego de estar en tierra, no había tiempo para buscar tranquilizarse y tuvieron que caminar de inmediato.

A ella y a otra mujer, al ser la únicas en que llevaban niños, se les señaló un camino diferente por el que debían continuar, ya que buscaban la detención de migración, para así buscar solicitar su permanencia en Estados Unidos. Siguieron el camino señalado, y luego de unos minutos, encontraron un vehículo de migración. Al ser detenidas, ella señaló que se puso contenta, porque pensó que podría ser el inicio de su verdadero camino a reunirse con esposo e hija. Sin embargo, se les señaló que serían deportadas, y así lo hicieron, pero no a su país, si no a México. Al momento de la entrevista, en junio de 2020, y luego de hablarlo con su esposo, decidieron que lo mejor era que volviera a El Salvador, esperara un poco más, en lo que se “normalizaba” el movimiento de personas, que por COVID-19 “todo estaba detenido”, y luego buscarían hacer el intento de nuevo, ya no buscando la visa humanitaria, sino hacerlo de manera irregular.

A pesar de que ella tuvo un camino hacía frontera norte distinto al caso anterior, su estado de ánimo y emocional se veían mal, en la Casa de Migrante San Agustín, Chihuahua, le estaban ayudando y buscando apoyo profesional. Ella se veía afectada por el cruce fallido, pero más por tener un año seis meses de no ver a su hija y esposo. La separación era un tema que le afectaba, y a eso se le puede agregar su experiencia en el cruce, es decir, al momento de cruzar el río, correr con el helicóptero sobrevolándolos, permanecer por lapsos de hasta una hora ocultos con la inquietud de poder ser detenidos, y más pensando en lo que podría pasarle a su hijo, y al momento de su detención la preocupación de una posible separación de su hijo y con ello quedarse sin familia.

Además, en la casa de seguridad donde permaneció más de un mes en espera de poder tener autorización para cruzar a Estados Unidos, estuvieron con personas que llegaban y salían. Señaló que en un momento estuvieron más de 30 personas, y poco a poco se fueron disminuyendo hasta quedar seis, en ese momento ella temía por su seguridad y la de su hijo. Esas situaciones son parte de lo que la tenían afectada, además de volver a su comunidad, donde hay un asecho por parte de pandillas a los niños.

Tuve la oportunidad de escuchar la experiencia de su hijo durante su estancia en la Casa de Migrante San Agustín, entre los juegos que realizaba en el patio se pudieron escuchar sus historias, desde el carro en el viajaron hasta Ciudad de México, al que el niño decía que era “nuevo” y “casi no se escuchaba el motor”, hasta las comidas ricas como pizzas y hamburguesas. Para él, el retorno a El Salvador no es opción, ni siquiera porque había dejado “mucha tarea pendiente”; contó también que haber dejado a su abuelo materno lo puso triste, ya que con él trabajaba en el campo, lo acompañaba en sus tareas como campesino y le gustaba hacerlo. El niño de diez años fue más allá, a diferencia de su madre, él habló de los amigos que tuvo durante sus visitas a México, señalando que participó en una caravana en 2019, pero apuntó que en esa ocasión “nos vendieron a migración”, y su familia completa y otros migrantes fueron deportados. Lo anterior lo constató su madre, quien apuntó a que por eso optaron por intentar cruzar de manera separada en las caravanas y con esto, realizando cruces más costosos, de ahí que decidieron hacerlo de manera escalonada.

Para el intento de 2020, el niño señaló que donde más miedo tuvo, fue en la casa donde estuvieron antes del cruce, que es la casa de seguridad en Monterrey. El temor se debió a que decían que ahí asustaban. Los propios cuidadores les contaban las historias de que ahí, antes de ser una casa para migrantes, ahí ejecutaban personas, y que eran las que ahí se aparecían. Esa historia fue la que puso nerviosa a su madre cuando empezó a ver cómo el grupo se iba disminuyendo y ellos seguían ahí. Para el niño, esa casa, además de tener historias de terror, era un espacio grande donde pudo jugar con más niños que “hablaban diferente”, y su madre señaló que eran cubanos y de otras nacionalidades. Sin embargo, su mejor experiencia fue la que tuvo en una casa en Reynosa, donde un hondureño que ahí trabajaba lo paseaba en caballo todos los días, y se hicieron amigos, señaló el niño.

Para el niño, México es bonito, y su gente los ha tratado bien, menos las personas de migración, pues cuando estuvieron en una estación migratoria, además de ser enojones y no permitirles ver televisión, la comida no era buena, era mejor en la casa donde los tenían en Monterrey y en la Casa del Migrante San Agustín.

Durante la estancia del niño salvadoreño, estuvo también otro niño de la misma nacionalidad, pero de ocho años, originario de La Unión. Él iba con su madre, y buscaban reunirse con su padre que se encontraba en Estados Unidos, pero se lamentaba de haber dejado a familia y a un hermano con su abuela. Antes de migrar, su padre se dedicaba al campo y su madre al hogar. Un año atrás, su padre viajo a Estados Unidos con su hermano el de en medio, él es el menor y al que dejaron con su abuela es el mayor. Su padre y hermano menor lograron llegar a Estados Unidos y establecerse, y así pudo enviar por ellos. Al igual que con el caso anterior, les fue enviado dinero para que llegaran a la frontera en un grupo pequeño y por vehículo tipo sedán, “los seguros”, comentó un migrante.

Sin embargo, el primer tramo lo hicieron en grupo, señaló que el momento en que más sufrió fue cuando “íbamos en un tráiler (varias personas) y nos quedamos un día sin comer, mis tripas hacían «ruuun», veníamos con otras gentes en una cabina todos apretados”. Él estuvo en una casa en Reynosa, dice que era un “ranchito”, todo libre, ahí había más niños y ahí mismo hacían la comida las personas que estaban a cargo. Señaló que eran muchas personas, y todas dormían afuera, a la intemperie, en el patio del rancho. Ahí los detuvo migración, y los llevaron a una estación donde permanecieron por un tiempo, “era como una caja, muy aburrida, yo le decía a mi mamá «mamita, vámonos de aquí»”. A pesar de que el niño se mostraba activo, jugando, corriendo de un lado a otro, personal de la Casa de Migrante San Agustín señalaron que cuando llegó junto con su madre, él tardo varios días en comer, y señalaron que su madre se encontraba con un fuerte cuadro de depresión y se encontraban apoyándole. Con ella, por la situación señalada, no se pudo hablar.

Durante la pandemia, esa espera en las casas de seguridad se incrementó, generándoles incertidumbre y cruces complicados por lo visibles que eran, tal como comentó la madre del niño de diez años. La pandemia les hizo visibles en momentos en que buscaban pasar desapercibidos a pesar de querer ser detenidos en Estados Unidos.

V. Conclusiones

A lo largo del presente trabajo si bien señalé en parte las violencias enfrentadas por población migrante en tránsito, es evidente que, ante el incremento de regiones violentas en nuestro país, éstas también se encuentran en aumento en los países expulsores, aun así, México se va construyendo como un país en el que se pueden establecer los migrantes. Apuntó un migrante, “aquí se puede acceder a alimento con poco… allá (Honduras) un huevo cuesta 5 lempiras, aquí hasta en 2 pesos. Aquí puedes comprar 10 pesos de bistec, allá te ponen unos palazos en las patas por pedir así” (refiriéndose a que venden por libra o media libra, pero no por las cantidades en que se vende en México), de tal forma que “aquí sí se puede vivir”, señaló.

Así, pese a las situaciones desagradables enfrentadas en el país, México es un espacio “amable” por el trato recibido por parte de sociedad y de otros organismos, como casas de migrante, pero no así de instancias de gobierno, de las que señalan que, además de encontrarles con enojo —como señalaron los niños— el alimento era malo, al igual que los espacios donde dormían. En entrevista con una mujer de 41 años que llegó a México en una caravana en 2019, señaló el control existente en algunas casas de migrantes y albergues. Entendía las reglas, y que podrían deberse a la seguridad de propios migrantes, pero le parecía un control exagerado al grado de impedirles hacer grupos entre ellos, y ella no entendía la molestia de eso, ya que se compartían información y se daban apoyo. De acuerdo con su experiencia, incluso ella fue llamada a las oficinas de una casa de migrantes en que estuvo para buscar averiguar quién era. El caso de ella, como el del migrante hondureño de 34 años que viajaba con su familia, generaron desconfianza en los albergues, casas de migrantes y estancias migratorias de gobierno, así que decidieron buscar el cobijo de las calles, situación que les ponía en peligro, pero lo preferían debido a las experiencias de vigilancia dentro de estos espacios, como el secuestro que enfrentó el migrante que viajaba con su familia, situación que se escuchaba de forma común. Se podía vivir más inseguridad dentro de esos espacios.

En Zamora, Michoacán, una madre centroamericana que viajaba con su hija, señaló que a veces la buena voluntad de las personas les afecta. Apuntó que, en Veracruz, una pareja le apoyó económicamente y con comida, pero luego, le insistieron en que les dejara a su hija, que se las regalara, a lo que ella se negó, pero le siguieron insistiendo, e incluso fueron otros días a buscarla por donde ella pedía apoyo. A ella le dio miedo esa situación y se movió de lugar. Comentó que su hija de seis años se asustaba cuando veía a la pareja y le decía a su mamá que la quería mucho, posiblemente buscando que su madre no tomará la decisión de regalarla. Un hondureño, de 36 años, comentó que, en Puebla, junto con otros compañeros, vieron cuando a una mujer le quisieron arrebatar a su hijo, de brazos, y ellos junto con otros corrieron en su ayuda. La mujer se encontraba abrazada de su hijo, con algunos golpes en las rodillas, ya que cayó en el jaloneo, y la levantaron, pero estaba en shock, no decía palabra, solamente se aferraba al niño con fuerza. Pudieron tranquilizarla, y luego se fue.

Las historias que cuentan sobre lo que enfrentan o vieron durante la primera parte del recorrido, como señaló el migrante hondureño de 34 años, antes de la Ciudad de México, así como durante el tramo del Golfo a la frontera norte, son historias que hacen ver la violencia que les persigue y las condiciones en esos territorios que permiten que ocurran. Violaciones de mujeres frente a sus familias, asesinatos, asaltos y accidentes, y en ocasiones también frente a niños, niñas y adolescentes, que hacen que lleguen a la frontera norte con cierta actitud de desconfianza, sin ganas de hablar. Quienes se encargan de casas de migrantes y albergues reconocen cuando la familia, migrantes o NNA han sufrido violencias, ya sea de manera directa o las han presenciado. Las organizaciones civiles, albergues y casas de migrantes han creado sus propios manuales de atención, con el apoyo de otros sectores especializados a los que han podido vincularse.

Masferrer señaló que luego de la Segunda Guerra Mundial, la pandemia sería el siguiente gran desafió a enfrentar como humanidad por los retos que se presentarían y presentarán.33 Asimismo, en términos de movilidades, la década previa a la pandemia, había sido también una década de cambios importantes que incidieron en las movilidades y la lucha de derechos para los migrantes.

Mansferer y Latapí apuntaron de forma importante para el caso de la migración México-Estados Unidos y lo que representó la década de 2000, los retornos de familias completas, incluso con matrimonios mixtos, donde se encontraban hijos/as nacidas en Estados Unidos, lo que implicó retos importantes para su inserción en términos de salud y educación, y colocan otros temas más que incidieron en una necesidad urgente de atender en términos políticos, generando acciones desde las políticas nacionales para la inserción de migrantes y sus familias,34 pero siguiendo los puntos a atender como salud y educación, el clima de violencia en torno a migrantes, no solamente en las políticas migratorias en Estados Unidos, también en el estigma creado a su retorno a México, nos lleva a colocar la década de 2010 como la de cambios importantes para la migración en tránsito por México.

Además, en la década de 2010, enfrentamos el retorno de migrantes de origen mexicano producto de deportaciones de forma importante durante 2011-2014; posteriormente, nos encontramos con la llamada crisis de NNA migrantes entre 2014-2016; la llegada de haitianos entre 2014-2017; luego las caravanas entre 2018-2020; y en los años posteriores, el incremento de venezolanos y migrantes procedentes de Oriente Medio. Así que, ante los incrementos y variedad de nacionalidades en los flujos, la década de 2010 también representó un cambio importante para la migración de sur a norte, tal como Latapí y Masferrer lo señalaron para 2000 en la de norte a sur.

Para el siglo XXI, las movilidades han incrementado y, como lo señalé, ahora hablamos de desplazamientos, y los terruños que en los estudios sobre las regiones históricas de expulsión en la década de 1980, dejan de tener un impacto en las identidades, y los retornos, ya sean planeados o en lo simbólico, se van diluyendo. En agosto de 2023, en conversaciones con michoacanos desplazados que se encuentran en Ciudad Juárez, Chihuahua, señalaron no tener en mente volver a Michoacán, y sabiendo de las acciones que desde el Estado se realizan para abordar el tema de desplazamiento forzado interno, apuntaban que no volverían hasta que se tracen acciones de fondo para expulsar a quienes los expulsan, y que volver para recibir una beca o un apoyo económico para un negocio, no era resolverles los problemas.

Como pude mostrar, la violencia ha ido en incremento, y sigue expulsando migrantes en Michoacán desde 2012 y hasta fechas recientes; mientras que para quienes transitan, damos cuenta que también son expulsados de sus comunidades y se internan en un país que, a pesar de las regiones conflictivas, les es menos violento que las de origen, o en todo caso, se mantienen en circularidades constantes dado que no pueden volver, pero tampoco continuar el viaje.

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2 Es parte de una investigación más amplia dentro del proyecto “Movilidades sin respuesta política: de las repatriaciones a los desplazamientos”.

3 Linda Flores es coordinadora de Casa Migrante San Agustín, César Lozano Trujillo es colaborador de la misma, así como apoyo en el trabajo de campo del proyecto “Movilidades sin respuesta” de mayo de 2020 a octubre de 2021.

4 Sánchez, Laura, “Acorralados entre templarios y autodefensas”, El Universal, 18 de febrero de 2014, disponible en: https://archivo.eluniversal.com.mx/nacion-mexico/2014/impreso/acorralados-entre-8216templarios-8217-y-autodefensas-212951.html.

5 “Aparecen más mensajes”, El Sol de Zamora, 7 de mayo de 2013.

6 “Aparecen mantas”, El Sol de Zamora, 23 de septiembre de 2013; “Aparecen mensajes”, El Sol de Zamora, 9 de diciembre de 2013.

7 Sánchez, Laura, op. cit..

8 “El crimen organizado”, El Sol de Zamora, 2 de mayo de 2013.

9 Hernández-Hernández, Oscar, “Antropología de las masacres en San Fernando, Tamaulipas”, Nexos, 24 de agosto de 2010, disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/antropologia-de-las-masacres-en-san-fernando-tamaulipas/.

10 Fundación BBVA y Consejo Nacional de Población, Anuario de migración y remesas. México 2019, México, Fundación BBVA-Conapo, 2019, pp. 112 y 113.

11 Ibidem, p. 125.

12 Hernández-Hernández, Oscar, op. cit.

13 Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Refugiados, Tendencias globales. Desplazamiento forzado en 2019, Dinamarca, ACNUR, 2020, disponible en: https://www.acnur.org/5eeaf5664#_ga=2.82678686.94517531.1592487358-1913390598.1589481009.

14 Valdez Cárdenas, Javier, Los morros del narco, México, Punto de lectura, 2014.

15 Nateras Domínguez, Alfredo, “Performatividad. Cuerpos juveniles y violencias sociales”, en Reguillo, Rosana (coord.), Los jóvenes en México, México, Fondo de Cultura Económica, 2010, p. 229.

16 Segura Herrera, Tamara Haydée y Hernández-Hernández, Oscar, “Niñez cruzando el Bravo a pesar del crimen, la migra y la pandemia”, Nexos, 8 de septiembre de 2021, disponible en: https://migracion.nexos.com.mx/2021/09/ninez-cruzando-el-bravo-a-pesar-del-crimen-la-migra-y-la-pandemia/.

17 González Cerdeira, Yolanda et al., Ciclos migratorios en Honduras, Honduras, Observatorio de Migraciones Internacionales de Honduras-Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Universidad Nacional Autónoma de Honduras, 2020, p. 48.

18 Calderón Ríos, José Luis y Castruita Yscapa, Sandra, “De lo invisible a lo público”, Desplazamiento forzado interno en México: del reconocimiento a los desafíos, México, Secretaría de Gobernación, 2022, p. 10.

19 González Cerdeira, Yolanda et al., op. cit., p. 48.

20 Sierra Fonseca, Rolando, “Honduras: del golpe de Estado de 2009 a la crisis continua”, Fundación Carolina, Madrid, núm. 16, 2019, disponible en: https://doi.org/10.33960/AC_16.2019.

21 González Cerdeira, Yolanda et al., op. cit.

22 Nájera Aguirre, Jessica y Rodríguez Tapia, Luz Helena, “Vínculos demográficos y factores de emigración en los países de la región del norte de Centroamérica”, en Villafuerte, Daniel y Anguiano, María Eugenia (coords.), Movilidad humana en tránsito: retos de la cuarta transformación en política migratoria, Argentina, UNICACH-CESMECA-CLACSO, 2020, p. 28; Ramos, Daniel; Hernández, Rafael y Astorga, Abel, Trayectorias humanas en la bestia, México, Universidad de Guadalajara, 2020, pp. 127 y 128.

23 Los datos emitidos por Statista por el número de muertes causadas por el “coronavirus de Wuhan” están disponibles en: https://es.statista.com/estadisticas/1095779/numero-de-muertes-causadas-por-el-coronavirus-de-wuhan-por-pais/.

24 Bauman, Zygmunt, La globalización. Consecuencias humanas, Argentina, Fondo de Cultura Económica, 2017.

25 Idem.

26 De Sousa Santos, Boaventura, La cruel pedagogía del virus, Argentina, CLACSO, 2020, pp. 20 y 49.

27 Observatorio Nacional de la Conferencia del Episcopado Mexicano, comunicado “Impacto en la población Covid-19 en materia migrante”, 21 de abril de 2020, disponible en: https://cem.org.mx/observatorio-nacional/.

28 Avilés, Eva, comunicado de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, “Ante los riesgos por el Covid-19: exigimos la libertad inmediata de todas las personas migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo en detención migratoria”, 2 de abril de 2020, disponible en: https://cmdpdh.org/2020/04/02/ante-los-riesgos-por-el-covid-19-exigimos-la-libertad-inmediata-de-todas-las-personas-migrantes-refugiadas-y-solicitantes-de-asilo-en-detencion-migratoria/.

29 Fundación BBVA y Consejo Nacional de Población, Anuario de migración y remesas. México 2022, México, Fundación BBVA-Conapo, 2022, p. 76.

30 García Zamora, Rodolfo y Gaspar, Selene, “Los impactos de la doble pandemia mundial sobre la movilidad humana”, en García Macías, Pascual y García Zamora, Rodolfo (coords.), 2020: la pandemia del capitalismo global, Irlanda, Machdohnil Ltd., 2020.

31 Bauman, Zygmunt, op. cit.

32 Pupusa es un alimento común, comida de calle, como los tacos en México. Es una especie de tortilla de arroz que se rellanan de algún guisado.

33 Masferrer, Claudia, “Presentación: pandemia, migración y desigualdades”, en Migración y desigualdades ante la pandemia de Covid-19 en México y Estados Unidos, México, El Colegio de México, 2021, p. 17.

34 Escobar Latapí, Agustín y Masferrer, Claudia (coords.), La década en que cambió la migración. Enfoque binacional del bienestar de los migrantes mexicanos en Estados Unidos y México, México, El Colegio de México-Conahcyt, CIESAS, 2021.

* Profesor-investigador en El Colegio de Michoacán. Correo: arielm@colmich.edu.mx.

1 Ortega Velázquez, Elisa, “La consolidación histórica de la migración irregular en Estados Unidos”, Revista Norteamérica, vol. 12, núm. 1, 2017, pp. 199-202.